Prólogo: Una habitación estéril llamada el circo, un espécimen de lo absurdo
"La Strada" (1954), de Federico Fellini, no es simplemente un clásico nostálgico del cine italiano. Es un "espectáculo de marionetas interminable de artistas ambulantes" representado en el barro en un rincón remoto del mundo
Zampano, una bestia que alardea de su fuerza y es capaz de romper cadenas de hierro con sus músculos pectorales, y Gelsomina, un payaso inocente de rostro pálido al que ha comprado, arrastran su destartalado camión de tres ruedas. Este camión es una atracción ambulante que se desliza silenciosamente por el vasto paisaje italiano, y también una pequeña y aséptica habitación aislada del mundo exterior
Gelsomina: Giulietta Masina como el "ángel" de Fellini
En el mundo que Fellini crea en la pantalla, las mujeres siempre son deconstruidas y simbolizadas en dos atributos extremos
Una de ellas es la figura del "cuerpo desmesurado (monstruo)" como símbolo de la maternidad enloquecida. Se trata de "mujeres desquiciadas" que derrochan una fisicalidad abrumadora y una cruda y visceral sensación de vida, como Saraghina, la giganta de la playa en "8 1/2", y la voluptuosa estanquera en "Amarcord"
Otro tipo es la "estrella inalcanzable (LA actriz)" como símbolo estético perfecto e inalcanzable. Se trata de ídolos abstractos en pantalla, como Anita Ekberg junto a la Fontana di Trevi en "La Dolce Vita" o Claudia Cardinale en "8 1/2"
Dado que el propio Fellini era un derrochador y un director consumido por sus propios deseos y fantasías oscuras, las imágenes que representaba siempre oscilaban entre los extremos de los "cuerpos grotescos" y la "ostentación costosa"
Sin embargo, el Giulietta Masina es único en el sentido de que no pertenece a ninguna de estas categorías
- Una tercera forma que no es ni un "cuerpo enloquecido" ni una "actriz altiva": no es objeto de los crudos deseos sexuales de Fellini ni posee la apariencia de una gran actriz pretenciosa. Ataviada con un abrigo demasiado grande, con los ojos grandes y abiertos que simplemente contemplan el mundo, es el único "avatar transparente y sagrado" que el director loco Fellini colocó solo en su habitación estéril.
- Una "fuente de luz" que neutraliza las fantasías oscuras: En la estructura de Fellini, que visualiza directamente los deseos turbios y oscuros, la inserción de Gelsomina, interpretada por Giulietta, como una "tercera santidad", permite que sus películas eviten convertirse en un mero fetichismo descontrolado y, en cambio, permanezcan como "arte supremo" imbuido de salvación y dolor míticos.
La interpretación de Gelsomina por parte de Giulietta Masina es la "muñeca mecánica" más bella de la historia del cine
Si bien el universo cinematográfico de Fellini está impregnado de una fisicalidad excesiva y deseos insidiosos, su esposa, Masina, siempre destacó como una excepción. Fue el único "ángel transparente (musa)" que descendió sobre el mundo crudo y superficial del maestro Fellini, y la "iluminadora" que aportó una salvación mítica a sus obras
- La influencia de Chaplin y la simbología de "Sacred Pierrot": un abrigo viejo y holgado, un sombrero precariamente posado sobre su cabeza y un maquillaje blanco intenso que exagera sus rasgos faciales. Su atuendo es chapliniano, pero a la vez despoja a la niña de cualquier dulzura, extrayendo frenéticamente solo una transparencia pura e inocente.
- Las emociones de una figura desprovista de palabras: no expresa sus emociones con palabras elocuentes. Sus gestos exagerados, casi pantomimales, sus ojos muy abiertos y sus labios pequeños que parecen soplar una trompeta: es menos un ser humano y más una figura de payaso impoluta, esculpida para encarnar físicamente las emociones de "dolor y amor".

Zampanò el Payaso: La soledad de una bestia atada por la gravedad
La interpretación que hace Anthony Quinn de Zampano es totalmente opuesta al personaje "ligero y transparente" de Gelsomina; es un hombre endurecido por el barro y la gravedad
- Un cuerpo salvaje y un papel fijo: vestido con una chaqueta de cuero, luciendo sus músculos pectorales, realiza la simple tarea de cortar cadenas de hierro. No puede escapar de la máscara de su propia ferocidad y torpeza. Con un ángel milagroso como Gelsomina a su lado, su violencia, que solo puede expresarse a través de la destrucción, es la tragedia de un cuerpo de carne y hueso atado a un destino absurdo.
- Desmembramiento y lágrimas en la playa por la noche: En la escena final de la historia, tras abandonar a Gelsomina, se aferra a la arena en la playa por la noche, mira al cielo y llora. Es aquí donde su formidable armadura (máscara) de cinismo finalmente se derrumba, y el cuerpo de un hombre solitario queda expuesto sobre la mesa de disección.
"Pagliacci" de Fellini y Nino Rota: Signos perdidos y "Melodías automáticas"
Más tarde, en la película para televisión "Los payasos de Fellini" (1970), Fellini documentó, en un estilo semidocumental, cómo los payasos que antaño cautivaron al mundo envejecieron, cayeron en el olvido y desaparecieron junto con las carpas de circo. En ella se percibe una clara sensación de resignación y nostalgia, que transmite el mensaje de que "los payasos ya no existen en ninguna parte del mundo"
- La película como ataúd para el payaso desaparecido: Gelsomina en "La Strada" fue, sin duda, el último destello de un payaso que se desvanecía. En la escena final de "Pagliacci" de Fellini, dos viejos payasos tocan sus trompetas en silencio en una carpa de circo vacía mientras el foco se apaga. Esa escena final es también un tardío lamento fúnebre para Gelsomina, quien desapareció en "La Strada".
- El "instrumento de memoria eterna" de Nino Rota: Aunque los tiempos cambien y los payasos reales desaparezcan del mundo, las conmovedoras melodías compuestas por Nino Rota jamás se desvanecerán. La débil melodía de trompeta de Gelsomina sigue funcionando como un "dispositivo de reproducción automática emocional (caja de música)" que trae de vuelta a la pantalla, una y otra vez, el fantasma del circo desaparecido.
Los payasos representados por Fellini, habitados por el ángel Giulietta Masina, son precursores de la cultura simbólica moderna y "bellos ejemplares de decadencia" que jamás podrán recrearse
El payaso de cara blanca (Gelsomina), la bestia atada por la gravedad (Zampano) y el tema de Gelsomina resonando en la carpa vacía del circo. Estos símbolos, expuestos sobre una mesa de disección estéril, aún nos conmueven en silencio como una pura elegía perdida para el mundo
¿Y acaso Fellini, el monstruo que construyó un vasto imperio cinematográfico y dispersó innumerables deseos y ficciones, no se encontraba en la misma situación que Zampanò? Al final, lo que dejó no fueron decorados suntuosos ni físicos exagerados, sino aquel destartalado camión de tres ruedas solitario en un rincón del desierto y la pequeña muñeca mecánica que tocaba una trompeta; es decir, el paisaje original de Giulietta Masina, a saber, "La Strada"